Desempolvá las piezas y cartas de El banquero, porque hay juegos de mesa para rato. ¿Por qué es importante experimentarlos?
Texto: Micaela Cattáneo
Tirar los dados y mover las fichas. Con esta regla empezaban casi todos los juegos de mesa que jugaba de niña: El Juego de la oca, ¿Quién será el asesino?, Monopoly, etc. Recuerdo especialmente a este último, a su tablero acostado sobre la mesa después del almuerzo, a sus billetes falsos esparcidos por todos lados y a sus mini esculturas de plástico de casas y hoteles, desordenadas por las casillas.
No sé qué edad tenía cuando probé por primera vez Monopoly, pero sí por qué lo jugaba: quería divertirme. Con el tiempo, descubrí que el juego servía también para aprender sobre finanzas e inversión, trabajo en equipo, toma de decisiones estratégicas e incluso, sobre cómo funciona el sistema capitalista. Es decir, su carácter lúdico, de la noche a la mañana, se volvió también educativo e ideológico.
La técnica ludotecaria, Cielito Miranda, afirma que el juego es una herramienta ideológica de gran alcance. “Cuando se habilitan espacios físicos, o incluso momentos de juego, estos se convierten en potenciales reveladores y estimuladores de tendencias, creencias, disciplinas y búsquedas diversas. Por ejemplo, la gamificación –muy en boga en las corporaciones y empresas- es el uso de técnicas y dinámicas propias de los juegos (acumulación de puntos, retos, premios, etc.) con el fin de potenciar la motivación para reforzar una conducta, mejorar la productividad, alcanzar objetivos concretos y motivar a clientes o empleados”, explica.
Y añade: “Por otro lado, en la casa, genera vínculos y refuerza el sentido de pertenencia. En espacios sociales (como los shoppings), marcan las tendencias de moda, y en los espacios comunitarios, empoderan a los ciudadanos. En todos los sectores, los juegos de mesa nos dan la opción de alcanzar objetivos concretos sin demasiada charla y teoría magistral”.
La especialista menciona que los juegos de mesa brindan múltiples beneficios al ser humano. “Enseñan normas, ejercitan la tolerancia y la frustración, fomentan la socialización, apalancan el desarrollo cognitivo, transmiten ideologías y son interesantes herramientas para desplegar potenciales en disciplinas académicas como la escritura, los idiomas, las matemáticas, la lógica, la historia, entre otros”, destaca.
Además, asegura que dicha estimulación del desarrollo cognitivo funciona tanto en niños como en adultos, pero con objetivos diferentes. Mientras que en la infancia mejora el aprendizaje, la coordinación, la organización de ideas y conceptos, el planeamiento y la resolución (entender, reconocer y calcular); en la adultez, ejercitan la memoria.
“Son un excelente fitness cerebral para recordar lo aprendido en la niñez. También ayudan a mantener la concentración y el lenguaje adquirido, y evitan el deterioro de todas las funciones citadas en estas líneas, ya que se trata de una actividad que oxigena el cerebro”, señala Miranda.
Analógico vs digital
Miranda sostiene que la tecnología trajo grandes avances a la humanidad, pero así también demasiada soledad, aislamiento y violencia. “En Paraguay la cultura de los juegos de mesa ha sido devastada por la comodidad y pereza de los juegos de consola, celulares y tablets (que liberan al adulto del trabajo que implica enseñar las reglas de un juego y luego llevarlas a la práctica)”.
¿Hay cabida, entonces, para los juegos de mesa en una era 2.0? La respuesta es sí. “Perdurará, pese a la revolución digital. Desde nuestro nacimiento, somos una tormenta de hambre hacia la vida: escuchamos, vemos, miramos, tocamos, manipulamos, pensamos ideas, nos expresamos y comunicados. Y luego de estos procesos, jugamos con lo que hemos descubierto. Es la principal actividad en la primera infancia. Tenemos una necesidad imperiosa de explorar e interpretar el mundo para conocerlo y conquistarlo. En los juegos de mesa, encontramos ese control y ese poder”.
Y agrega: “Al experimentar con los juegos de mesa, ensayamos el arte de socializar y empatizar. Este arte es fuente inagotable de placer que permite el crecimiento integral del ser humano, de forma armónica y respetuosa ante el grupo de personas que lo rodean. Hoy y siempre, los juegos de mesa serán herramientas claves para la práctica pacífica y proactiva de los valores, objetivos y proyectos”.
¿El futuro en sus manos?
Si el aporte de los juegos de mesa funciona a largo plazo, ¿son parte fundamental en el proceso de “cambiar el mundo”? La técnica ludotecaria analiza el tema: “Desde siempre, los juegos de mesa han sido utilizados como herramientas ideológicas para generar cambios políticos, crear temor (a través de juegos religiosos o esotéricos) o promover tendencias económicas o discriminatorias. Hoy, la historia es otra: hay juegos que impulsan conocimientos sobre género, costumbres eco friendly y opciones lúdicas que proponen evitar abusos y hechos de discriminación”, sentencia.
El panorama es alentador, pese a que aún existen juegos de estrategias para competir, ganar guerras o apropiarse de poblaciones enteras. “Aquella que el mundo refleja y es una realidad”, comenta Cielito y se pregunta: “¿Qué podemos hacer? Esperar a que más personas de espíritus altruistas y con ganas de vivir en una sociedad más justa desarrollen productos que favorezcan los valores morales y costumbres empáticas, las cuales son tarea de todos”.