Próximamente, Antonella Volpe estrena Pacto divino, un programa que hablará sobre vinos, gastronomía y arte. Mientras se prepara para explorar su faceta de conductora en canal GEN, nos cuenta sobre Catas Nómadas, un proyecto creado para acercar al público cepas de todo el mundo.
Texto: Micaela Cattáneo
@micaelactt
Fotografía: Nath Planás
Producción: Juan Ángel Monzón
Su historia en el mundo de las cepas empieza en una juguetería, mientras compraba regalos de Navidad para sus sobrinas. Después de un año de haber estudiado un máster en Marketing con enfoque en marcas de moda, en Italia, Antonella Volpe estaba de regreso en Asunción para pasar las fiestas en familia. En medio de góndolas de muñecas y autos en miniatura, se encontró con el empresario Yayo Rojas, quien le ofreció manejar una marca de cerveza italiana que ingresaba por primera vez al país.
Al principio tenía a su cargo marcas de cervezas y frizzantes. Pero al cabo de un tiempo, llegaron los vinos, y con estos, los cursos, las catas y las visitas a las bodegas y los viñedos. “De entre todos los que conocí, el de la Viña Emiliana, en Chile, es el que más me gustó. Me enamoré de su filosofía, porque es el viñedo orgánico más grande del mundo. El vino se produce a partir de procesos naturales, y eso hace que la uva sea muy honesta”, explica.
“Además, sus dueños son muy humanos. Ellos veían que la producción con agroquímicos afectaba la salud de los campesinos que trabajaban en el viñedo. Por eso, la bodega se transformó. Emiliana todavía es un capricho de los dueños, porque es difícil que compitan con vinos que se producen con costos más bajos”, agrega.
Este vino, y otros provenientes de Nueva Zelanda, España, Australia e Italia, formaron parte de un proyecto de la compañía para la que trabajaba, con el que buscaban expandir la variedad de cepas en Paraguay. “El consumidor paraguayo estaba muy acostumbrado a las tradicionales (Malbec, Cabernet, etc.), pero desde hace algunos años, y gracias al empuje de la gastronomía local, busca también cepas exóticas (Pinot noir, Zinfandel, vinos rosados, etc.). Por eso era importante que me capacite cada vez más sobre las denominaciones de origen y las diferencias de etiquetas entre Europa y América”, indica.
Ante esta curiosidad y crecimiento local, nace Catas Nómadas, el emprendimiento que creó junto a su amiga y excompañera de colegio, Gisselle Chip Sacco. “Nosotras queríamos descontracturar el mundo del vino y hacerlo más versátil, para que llegue a más personas; queríamos desmitificar el hecho de que catar vinos es sólo para expertos. Por eso, una noche, mientras tomábamos vinos y pensábamos qué rumbos tomar en nuestras vidas, se nos ocurrió organizar catas de vinos que estén lejos de ser clases con power points aburridos, sino encuentros donde se pueda aprender sobre cepas y a la vez disfrutar de gastronomía y arte (galería de fotos, música, esculturas en vivo, etc.)”, revela.
Cuando define su proyecto, lo hace con palabras que expresan movimiento y libertad. “Nos propusimos hacer algo disruptivo en torno al vino, y en esa búsqueda de lo itinerante, surgió el nombre Catas Nómadas. Queríamos que en esencia sea súper urbano, para que todos pudieran participar y descubrir sobre la cultura vinícola”, explica.
Antes de dar a conocer el proyecto, Anto se animó a otras experiencias laborales, que sin embargo, no le dieron lo que esperaba. Incluso lideró el equipo de gestión de talento humano en la empresa de su familia, una fábrica de tuberías plásticas. “Me sentía en casa, pero no era lo mío. Me costó decirles adiós a mi papá y a mis hermanos, pero tenía que ser coherente y lo más verdadera posible conmigo misma”, cuenta.
Después de eso, buscó consejos profesionales con la madre de una amiga, la psicóloga laboral Jazmín Mendoza. “Ella me dijo: por qué desconfiás de vos, ¡soltate! Quizás te lleve más tiempo y todo, pero vas a salir adelante”, recuerda sobre los miedos que le generaba emprender. De inmediato, planificó el lanzamiento de su productora de eventos, invirtió en logos y página web, pero se adelantó unas cuantas páginas y se encontró de antemano con el capítulo de Catas Nómadas.
Un viaje familiar
Cuando descorchó este proyecto, no estuvo sola. Su padre, Gustavo Volpe, presidente de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), y su esposo, el cantante Chirola Ruiz Díaz, aparecen como piezas claves en los relatos de sus decisiones más importantes. “Le admiro a mi papá porque es una persona muy creativa y que está desafiándose todo el tiempo. Y le agradezco, porque cuando salí de la empresa familiar él pudo haberme transmitido muchos miedos, porque sabe que no es fácil emprender. Sin embargo, me alentó: “Antonella, ¿qué te ataja? Hacé lo que te apasiona, la vida es corta”.
Chiro —como lo llama— es su crítico más difícil de conquistar, cuando se trata de trabajo. “Él llega a las catas antes de que arranquen y le voy contando todos los detalles. Cuando algo no le convence, me dice y me propone cambios. De hecho, cuando pensábamos en el nombre para el proyecto, se nos había ocurrido Mosto —zumo de la uva—, pero él me dijo que acá el concepto estaba más vinculado a la caña y que teníamos que buscar otras ideas”, señala.
Su esposo la animó a perseguir sus sueños, pero también le advirtió sobre todos los escenarios posibles. “Él me hizo ver la parte más cruda de esto, porque un día podés ir a buscar plata del cajero y no tener dinero para pagar las cuentas. Y hay que estar preparada para eso, porque cuando emprendés los ingresos no siempre son estables”, comenta. Y añade: “Chiro tiene como un don, sabe cuándo algo va a funcionar o no, y en este proceso me transmitió muchísimo eso. Me imagino que es la misma sensación que le pasa cuando escribe una canción y siente si va a ser un hit o no”.
Ambos hacen yoga. Anto dice que ella es mejor en la práctica y él, en la teoría. Entonces, se complementan cuando practican juntos. “El yoga nos ayuda mental y físicamente, porque hay mucha noche encima debido a nuestros trabajos. Tenemos que cuidarnos, es por salud. Ahora nos propusimos estar dos meses sin alcohol”, dice. Y cuando lo cuenta lo hace pensando en que ambos son padres de un niño.
“Piero es mi motivación. Con la maternidad sacás fuerzas de donde sea, te ayuda a ser más organizada y te obliga a decir: “yo quiero ser un buen ejemplo para él”. Ser mamá me hizo pensar que si pude parir, ¿por qué no puedo tener un negocio? Con esto parece que lo tengo todo muy claro, pero hay días en los que me levanto y todo es un caos”, confiesa.
Catas en pantalla
Próximamente, Antonella Volpe estrena Pacto divino, por Canal GEN, un programa que propone contenidos vinculados al vino, la gastronomía y las artes. “Nunca me imaginé que iba a hacer televisión. De hecho, cuando me reuní para conocer la propuesta, fui pensando en que sólo la iba a escuchar porque sabía que mi respuesta era un 'no' . Pero cuando me contaron la idea, me enamoré, me entusiasmé y dije que sí”, recuerda.
Si bien el programa mostrará las experiencias vividas en algunas ediciones de Catas Nómadas, también explorará entrevistas a referentes de la cultura en general, como un mano a mano entre Anto y los invitados, donde el vino será la excusa para juntarse a hablar. “El primer episodio lo grabamos en el estudio de 4kcho, y fue muy especial porque es un lugar donde se respira arte y porque estuvo Missmaella como invitada, a quien admiro mucho”, adelanta.
¿Qué efecto tendrá su programa en el público? Esperemos que el mismo que siente cada vez que acompaña su cena con un buen vino. “Es un escape, una forma de relajarse. Sabés que después de una copa, vas a dormir bien y vas a estar mejor al día siguiente”.