Su rol en El Supremo Manuscrito significa mucho para él: le dio la oportunidad de volver a rodar en Paraguay luego de una década de radicación en Londres. La película nacional estrena el 10 de octubre, y su protagonista nos cuenta sobre su papel, además de hacer un repaso por su experiencia internacional.
Texto: Jazmín Gómez Fleitas
@jazgomezf
Fotos: Gentileza
Insólito pero cierto. El recorrido profesional de Fernando Abadie (50) tiene dos puntos importantes de inflexión: creer que la actuación no era una opción para él y años después, tener el coraje para migrar a una de las industrias con más tradición actoral en el mundo.
Y es que, aunque siempre tuvo una particular fascinación con el cine —que lo impulsó a superar la barrera de la introversión durante la secundaria y sentirse cómodo en el escenario—, la llamada de la vocación vino muchos años después, cuando ya era buen amigo de la directora Tana Schémbori y ella no perdía oportunidad de recalcarle que debería probar estudiar actuación.
Muchas veces esquivó el consejo. Le dijo que tomaría clases en centro de formación actoral El Estudio, pero no lo hacía. Le dijo que sí haría ese curso corto ante cámaras una vez a la semana y nunca fue. Le dijo que sí llamaría a preguntar por las clases y nunca levantó el teléfono. Hasta que una vez lo tomaron por sorpresa: atendió una llamada y era de El Estudio. Lo esperaban para audicionar. Él respondió que probablemente se habían equivocado, sin embargo, le mencionaron que Tana Schémbori lo había recomendado y que ella aseguró que él iría.
“Según ella, tenía que ser actor; yo discrepaba con ella. En el fondo sí quería pero no me atrevía. Y cuando me dicen que ella aseguró que yo iría a las audiciones, ahí me asaltó mi instinto del deber y de no fallar, y dije bueno, si Tana lo dijo, voy, aunque advierto que no es lo mío pero voy a cumplir”, recuerda. Fue entonces cuando inició un camino de no retorno.
La partida
Luego de una vasto recorrido profesional en el país, con obras teatrales y series televisivas como González vs. Bonetti (2005) y Papá del corazón (2008); y los largometrajes El reflejo (2008) y Carimea (2007), en el 2008 toma la decisión de ir a Inglaterra.
“Sentía que había cerrado un ciclo en Paraguay y en ese momento necesitaba salir. Elegí Londres sencillamente por su tradición en el arte dramático, toda su cultura y su carácter global, además de ser una plataforma mundial. De alguna manera justamente buscaba la experiencia de desenvolverme en un ambiente mucho más grande y profesional respecto al que yo conocía”, detalla.
Apenas llegó tuvo una audición y unos meses después ya era parte de un cortometraje. Ese primer año hizo varios cortos. Empezó a asistir a sesiones de networking, incluso a una feria de actuación de donde recabó muchos datos y le ayudó a conocer a otros actores en la industria.
“Uno de ellos era un inglés que me dio un pantallazo de cómo funcionaba la industria. Me dijo que lo primero que tenía que hacer era hacerme miembro de algo que se llama Spotlight (centro de casting profesional). De alguna manera también funciona como una certificación de los actores profesionales. Si alguien quiere una carrera como actor o quiere un agente, tiene que estar ahí. Es un requisito para actuar en Reino Unido”, explica.
Para ingresar a Spotlight, el actor debe tener suficiente trabajo profesional comprobable, si no, tiene que ser egresado de una de las 12 escuelas de la Conferencia de Arte Dramático, las más importantes de Reino Unido. Esto no es sencillo, ya que Abadie comenta que para ingresar a una de ellas se tarda —en promedio— dos años, además de que por sus elevados costos, no son aptas para todo ciudadano.
Afortunadamente, todos sus trabajos profesionales de Paraguay le valieron su membresía en Spotlight y a partir de ahí fue su propio agente. Consiguió muchos roles, sin embargo, no podía acceder a los de las producciones más grandes.
El engranaje de la industria
En el 2014 descubrió la necesidad de tener un agente para alcanzar, justamente, esos roles. Primero, porque un amigo mexicano suyo había conseguido trabajar en World War Z, la de zombies protagonizada por Brad Pitt. Y luego porque dos amigos más le reclamaron no haber asistido a la audición para Pan, de Hugh Jackman. Le mencionaron que “si su agente no le había mandado allí, no era uno bueno”.
Uno de ellos le pasó el contacto del suyo, pero en Reino Unido las agencias tienen un cupo limitado de actores. Recién en dos meses podría ingresar a la agencia, así que mientras esperaba, buscó otras opciones.
A las agencias que manejan a las celebrities no es fácil llegar. Se manejan a otro nivel, en cuanto a lo comercial. “Las agencias tienen a todos sus agentes buscando trabajo a todos los actores en función a su perfil. No hay mucha conversación o recomendación, de vez en cuando sí uno puede hablar con un agente senior para conversar sobre algún rol. Si qué les parece a ellos, a mí, sobre las perspectivas que presenta ese rol, etc.”, puntualiza.
Para ingresar a la agencia a la que aspiraba, además de ciertos requisitos como la membresía en Spotlight y créditos en IMDB, necesitaba pasar una audición que consiste en preparar una línea en pocos días y presentarla en tres tomas. Fernando recuerda que él sólo hizo una toma, porque esa era la caracterización que quería hacer de la línea. Y grande fue su alegría cuando supo que fue aceptado. Hasta hoy sigue con la misma agencia. Tiene un contrato de no exclusividad, de modo a poder tomar los roles que él desee, aunque no sean precisamente, sumamente rentables para la agencia.
En el Reino Unido hay mucho respeto por la profesión actoral. Su industria es tan variada que no se limita sólo al cine, la televisión o el teatro. Los actores profesionales pueden ser contratados para role plays en entornos corporativos, donde pueden desempeñarse en atención al cliente o realizar capacitaciones, así como en entornos educativos o médicos. Se los contrata para performances, intervenciones, producciones fotográficas, hasta lecturas de cuentos.
“La sociedad valora mucho las artes, pero siempre les exigen teatro a los actores. Es como la verdadera prueba. La gente está muy ligada al teatro y vienen muchos actores estadounidenses para hacer teatro, justamente para ganar prestigio”, destaca Abadie.
El Supremo Manuscrito
A pesar de la distancia, Fernando siempre se mantuvo en contacto con las personas del mundo de la actuación de Paraguay, tanto de cine como de televisión y teatro. Y a medida que la tecnología proveía nuevas funcionalidades, esto también facilitó la comunicación. Las veces que venía de visita al país, se reunía con sus pares o si ellos iban a Londres, se encontraban allá.
Justamente, en una de esas reuniones en el país, fue a la casa de Tana para un asado —como cada vez que visita el país— y ahí conoció a Jorge Díaz Bedoya. Él le contó sobre El Supremo Manuscrito y Abadie le pasó los datos de colegas para el perfil de actor que buscaba. Sin embargo, dos años después el director lo contactó para un papel en la película. Inicialmente sería el de Apepu, pero luego quedó para el protagónico de Anton Remianiuk.
El Supremo Manuscrito se rodó en enero y en los primeros días de febrero de 2018. Fueron en total, unas cinco semanas, entre ensayos y rodaje. Se filmó mayormente en Asunción, algunas escenas en Ayolas (en la represa de Yacyretá) y en Encarnación. Hubo una escena en París, pero Abadie no participó en ella.
Su personaje tiene ascendencia ucraniana y es heredero de una gran fortuna que incluye piezas históricas muy valiosas, manuscritos, reliquias de dictaduras (inclusive el nazismo). Abadie lo describe como “un intelectual que aprecia las artes, característica cultivada por su madre. Su padre, por su lado, está vinculado al poder político de gobierno. Remaniuk estuvo un tiempo en la milicia también y aunque se ve más como un observador en la vida, se ve obligado a tomar parte de ciertos acontecimientos”.
Respecto a su experiencia, destaca que ojalá todos los realizadores paraguayos tomen en cuenta también a los profesionales que se encuentran viviendo fuera del país. “Para mí fue muy gratificante volver a mi país a trabajar, así que espero poder hacer esto más a menudo y agradezco a los directores y al equipo que me invitó a formar parte”, enfatiza.
El poder de una interpretación
Luego de varios años de carrera actoral y experiencias en distintos países, ¿qué lo sigue manteniendo apasionado por su profesión? “Me encanta esta pregunta y creo que cada actor debería hacérsela cada cierto tiempo. Lo que me apasiona es contar historias. Soy consciente de la influencia que tiene una interpretación en la audiencia, en las personas. Una obra de teatro, una película, el personaje que uno interpreta, puede ser un pequeño fragmento pero con el potencial de dejar huella en una persona. A partir de un personaje, de una circunstancia, ya sea una comedia romántica o un drama, con rigor científico o histórico o sin, pero de todas maneras transmite algo: conocimiento, puntos de vista, ideas, emociones; esa es la función del arte, justamente, es lo que nos hace humanos. Si hay algo que siempre me atrajo de la actuación y siempre admiré de los actores, desde mucho antes de serlo, era esa admiración para hacer lo que hacían y que era lo que yo recibía. Uno no se olvida de escenas de películas u obras de teatro que le impactaron, que le generaron algo en su vida. Ese valor, ese poder, es apasionante y es la vida misma”.