Te preocupa no ver las notificaciones a tiempo y por eso lo revisás a cada rato; sentís desesperación cuando tiene poca batería, lo buscás si no lo tenés cerca y te cuesta conciliar el sueño por la noche. Esa dependencia al teléfono móvil tiene nombre: nomofobia.
Texto: Jazmín Gómez Fleitas
@jazgomezf
La palabra proviene de la contracción de la frase en inglés no mobile phone phobia . Su definición más aproximada hace relación al miedo irracional de verse sin el smartphone, a la adicción al dispositivo que se desarrolla. Y “adicción” proviene del latín “addico” que significa “esclavizar”.
La palabra, abreviada como nomophobia en inglés, se acuñó por primera vez en el 2008 en un estudio realizado por la oficina postal del Reino Unido que contrató a YouGov, una organización de investigación, para evaluar la ansiedad que sufrían los usuarios de teléfonos móviles.
El estudio arrojó los primeros datos al respecto, demostrando que el 53% se sentía ansioso cuando perdía su celular, se quedaba sin saldo, batería o no tenía señal. Hoy se estima que el 66% de la población mundial que utiliza celulares sufre de al menos, algunos síntomas de nomofobia. El 71% duerme con el celular a su lado y el 80% revisa en el transcurso de una hora antes de dormir y despertarse. ¿Somos esclavos de ese aparato?
En el 2018, el Diccionario Cambridge nombró a la nomophobia como palabra del año. Y que no nos sorprenda, ya que desde ese mismo año, las compañías desarrolladoras empezaron a hablar del Bienestar digital o Digital wellness, lo cual hizo que los móviles incorporen funciones como, por ejemplo, el Modo descanso en iOS, que bloquea las entradas de mensajes y llamadas durante las horas de sueño, o la función Tiempo en pantalla, que Android también tiene.
¿Cuándo fue la última vez que apagaste tu celular?
Es increíble, pero una de cada dos personas nunca apaga su celular. Ni los domingos. Ni cuando está de vacaciones y sin pendientes. Y el 85% revisa el celular cuando está hablando con familiares y amigos.
La psicóloga Fátima López Moreira explica que “si la dependencia al celular existe por razones laborales y la persona se puede desprender del aparato con facilidad en ambientes sociales o personales, no es un problema. Pero si desarrolla una relación no utilitaria con el teléfono, es decir, si el simple hecho de desconectarse en cualquier momento o lugar representa ansiedad o nerviosismo, estaríamos frente a un caso de nomofobia”.
Los síntomas que menciona para identificarlos son: sufrir cambios de comportamiento o de estado de ánimo (nerviosismo o ansiedad cuando no se lo tiene cerca o no se puede usar); tener mayor facilidad para comunicarse por medio del celular que en persona; padecer irritabilidad y alteraciones del sueño; sentir que el teléfono vibra o suena imaginariamente; no separarse del celular (tenerlo hasta en el baño o cuando se hace ejercicios); revisar el celular de manera automática; y pagar cuentas exageradamente caras (por exceso de recargas de saldo).
Cortar con la dependencia
Si bien hoy en día los teléfonos celulares cuentan con funciones para hacernos la vida más fácil (sobre todo la laboral), la Lic. Fátima resalta que justamente debido a ello hay que autoregularse para no caer en la dependencia, o bien, salir de ella.
Los mismos aparatos muestran el uso diario del tiempo en pantalla, así que ponerse un límite con las redes sociales es un gran primer paso. Incluso, muchos aparatos desglosan el tiempo acorde con las funciones: redes sociales, productividad y lectura o referencia. Llevar un control diario ayudaría a no excederse.
Si se cuenta con un Modo descanso o de No molestar, se sugiere programarlo acorde a la hora en que uno se prepara para ir a dormir, de manera a que el celular no sea lo último que se vea. Ya en la habitación, se recomienda no dormir con el celular al lado y reemplazar el despertador del teléfono por uno externo. De esta manera, incluso se podría dejar el celular afuera de la habitación.
Cuando se está en la mesa comiendo o compartiendo con amigos, conviene dejar el celular en la cartera o ponerlo boca abajo para no ver las notificaciones, así como también desactivar las notificaciones de cada app para que no distraigan, ya que está comprobado que las alertas y notificaciones constantes pueden llegar a causar déficit de atención.
Si estos aparatos existen para facilitarnos la vida, que así sea. Pero si nos están privando de pasar tiempo de calidad con nosotros mismos y con nuestros seres queridos, es una llamada de alerta. El uso del smartphone y la depresión están relacionados, y esto es algo científicamente comprobado. Permitirnos disfrutar de la vida de manera no virtual está más que bien. Es tiempo de retomar aquellos pasatiempos que nos gustan también, además de relajarnos en la naturaleza y realizar alguna tarea artesanal o manual para incrementar la creatividad y reducir el estrés. Es hora de ser conscientes de cuánto nos consume ese tiempo en la pantalla del celular.