Siempre escuchamos que no hay un método determinado para encontrar la verdadera vocación, ese propósito que no podemos acallar, sin embargo, es al encontrarnos con historias que lo comprueban cuando podemos vernos inspiradas por ellas.


Texto: Jazmín Gómez Fleitas
@jazgomezf
Fotos: Nath Planás

Carolina Vinader (34) es diseñadora gráfica de profesión. Pasó por lo que se conoce en el rubro como “vida de agencia” —trabajar en agencias de publicidad— y luego de unos años abrió la suya, enfocada al diseño de identidad de marca. Y fue ahí cuando empezó a recibir trabajos que requerían cierta cuota de ilustración. Se enamoró del dibujo a mano y hoy ya se la reconoce como la ilustradora de la colección Sentí Lo Nuestro de la marca de prendas Artemera, o del menú del Café de Acá, por citar algunos ejemplos.
“De repente me empecé a apasionar por el dibujo, fue como si recién hubiese encontrado mi vocación. Nunca me pasó algo así con nada. Amo hacer esto. Encontré de lo que quería vivir. Con el tema del branding y todo eso, no sentí esa pasión. Me empecé a interesar por leer más sobre artistas, ir a museos, fue como que se me abrió todo un mundo apasionante”, cuenta.
El dibujo la fue conquistando aunque, quizás ya le había dejado pistas en el camino. “Cuando me decidí por Diseño, me gustó la carrera aunque al empezarla no entendía bien para dónde iba. Me di cuenta que me interesaba mucho la Historia del Arte, era como todo un mundo que no conocía en absoluto. Me encantaba esa materia”, recuerda.
Hace unos años se despertó en ella esa pasión por los museos y es así que cuando viaja, trata de visitar al menos dos. También reconoce que siempre le encantaron los útiles escolares. El mejor momento del año era cuando le compraban lápices de colores, marcadores y demás materiales de papelería para las clases.
“Es algo que hasta ahora disfruto muchísimo. El mejor momento de mi trabajo es cuando tengo que elegir qué tipo de colores voy a usar, cuando pruebo los materiales y los selecciono. Para mí, es mi Disney. Ahora también estoy probando el wash, que se usa con un poco de agua. Es como una acuarela pero, un poco más opaca, no tan translucida. Estoy experimentando con eso y también con los marcadores”, señala.
Y agrega: “Aunque mis amores eternos son los lápices de colores. Soy adicta a ellos. Compro los sueltos cuando veo que los que tengo están por la mitad. Amo oler los lápices. Mi oficina está impregnada de olor a lápices de colores”.


Un estilo propio

Henri Matisse es su pintor favorito. De él admira la manera en que usaba los colores y las formas, porque Carolina describe a su estilo de ilustración como: “Antiperspectiva, antiprofundidad y antisombras. Intencionalmente. Todo lo que sea dibujo real no es lo mío. Me gusta más el estilo naif. Le miro a Matisse y pienso que él pudo ser mi abuelito. También sigo a muchos ilustradores. Admiro mucho a la gente que defiende y valora su estilo de ilustración. Soy muy autodidacta también. Nunca estudié Bellas Artes ni nada. Hago muchos cursos online. Hay páginas como skillshare o domestika que te dan esa facilidad de, prácticamente, estar con el ilustrador desde el otro lado de la computadora, porque podés escribirle o hablar, se aprende muchísimo con esos cursos. También me gusta mucho leer, todo lo que sea Historia del Arte me encanta”, explica.
Si bien realiza ilustraciones a mano, tiene algo que llama “el trauma del diseñador” que consiste en digitalizar todos los trabajos y hacer copias para que nada se pierda. Eso significa que apenas termina un trabajo, lo escanea, recorta y guarda, de modo a conservarlo, además de tener la libertad de manipularlo al momento de armar composiciones o hacer cambios que requieran los clientes.
“Antes tenía miedo de si, iba trabajar toda mi vida en agencias o que iba a pasar de mi vida, y realmente estoy muy feliz de haber encontrado el dibujo. Siento que sigo buscando mi camino en el mundo de la ilustración, no me gustaría encasillarme en una cosa. Hasta ahora dio la casualidad de que la mayoría de los trabajos que me piden tienen que ver con nuestra cultura o costumbres, pero amo la naturaleza muerta, dibujar hojas, flores, frutas. Quiero seguir experimentando, realizar proyectos, hacer publicaciones, fanzines, revistas, contar alguna historia a través del dibujo”, explica.
Este año planea dedicarle más tiempo a la planificación, a crear una línea de productos para comercializarla que, por supuesto, incluya sus ilustraciones en agendas, cuadernos, bolsitos, etc., además dedicarse a distribuirlos, porque la vida artística también exige trabajos rentables que brinden sustento.
Por ahora, sus dibujos enmarcados se ofrecen al público en ferias que ella anuncia en sus redes sociales. Algunas personas también la contactan para pedidos de trabajos específicos como retratos a partir de fotos, por ejemplo, algo que la llena de satisfacción: “Todavía me sorprende cuando la gente compra algo mío. Es una sensación increíble”.
Carolina Vinader con uno de sus proyectos para Artemera