Desde el 5 de marzo en los cines del país, la ópera prima del director Hugo Giménez nos cuenta una parte muy presente de nuestra historia colectiva: la de los desaparecidos durante la dictadura.


Texto: Jazmín Gómez Fleitas
@jazgomezf
Fotos: Gentileza

Cinco años después, la película sale a la luz. Para Hugo Giménez, la idea de la historia nació en 2012, año en que conoció un bosque que describe como “inquietante desde el primer vistazo”. Esto fue lo sintió cuando se acercó a tomar registros fotográficos y sonoros. “Luego apareció la historia de los enterradores y trabajé en un videominuto llamado Un lugar, que ya tenía la semilla de la película. El resto se fue dando por capas y de a poco fue tomando forma”, explica.

Una ficción basada en la historia colectiva

El guion le tomó tres años de intensa escritura y reescritura. “Me dediqué a tiempo completo a eso. De manera obsesiva me entregué a ese universo sonoro y visual que iba tomando forma. El guion, desde el vamos, tuvo acompañamiento de mucha gente, porque participamos de laboratorios y talleres muy importantes a nivel mundial, donde un montón de profesionales aportaron para pensar y repensar el guion, sin importar culturas e idiomas, la película aglutinó la energía y la pasión, haciendo crecer el guion en cada etapa”, describe.
Y agrega: “Eso fue muy importante porque a veces pensamos que alguien va a robarnos un guion o una idea, y entonces no compartimos ese proceso de escritura, cuando puede suceder que ese guion no crezca o no se potencie con otras miradas. Uno debe rodearse de gente profesional, y si el proyecto es bueno, encontrarás siempre personas que puedan ayudarte a sacar lo mejor de tu historia. Por supuesto, que la reescritura también abarca a los actores, son ellos los que hacia el final del proceso lo asimilan y le dan características especiales de sus personajes: cadencia, voz y cuerpo a un texto, y uno debe estar atento en esas etapas, para lograr atrapar la esencia que aporta cada actor a su personaje”.
Cabe destacar que el guion es pura ficción, pero que indudablemente está asentado sobre bases históricas y de época que fueron validadas por personas que manejan mucho mejor esos temas y con quienes el equipo de la película se asesoró, por ejemplo, la Comisión de Verdad y Justicia que tiene registrado 423 casos de desaparecidos durante la dictadura. “Con todo el equipo involucrado en la película nos acercamos a cuestiones muy delicadas como el terrorismo de Estado o los desaparecidos de una dictadura con mucho rigor y respeto”, puntualiza Giménez.
El actor paraguayo Aníbal Ortíz interpreta uno de los enterradores clandestinos.

Los personajes a conocer

El rodaje arrancó a finales de abril y se extendió durante mayo de 2018. Estaba previsto que fueran cuatro semanas pero, se terminó el rodaje en tres semanas y media y se grabó en locaciones de Patiño y Areguá.
“Todavía es muy difícil financiar una película localmente, al menos algunos tipos de películas. Nosotros logramos financiación local que nos permitió tener una pequeña contrapartida gracias a los fondos concursables ciudadanos de la Secretaría Nacional de Cultura y también del Fondec. Además se sumaron Codehupy, Diakonia, Universidad Columbia del Paraguay y El Comercio Paraguayo Compañía de Seguros. La solidez del proyecto también nos abrió el camino a coproducciones con Argentina, Francia y Alemania, y se fueron sumando el Hubert Bals Fund del International Film Festival de Rotterdam, El Programa IIbermedia, el World Cinema Fund de la Berlinale y el fondo Aide Aux Cinémas du Monde-CNC de Francia”, detalla Hugo.
Para la elección de los actores el proceso fue muy rico. Trabajaron primero un par de cortometrajes para lograr cohesionar el equipo artístico y técnico, y de esos cortos se sumaron Ever Enciso y Aníbal Ortiz. Ambos dan vida a la dupla de enterradores que sepultan cadáveres de forma clandestina, todo esto en el contexto del Mundial de Fútbol del 78, cuando se encuentran con el cuerpo de un argentino que aún está vivo.
“El argentino Jorge Román se sumó al proyecto casi en su génesis, allá por el 2013. Ya nos conocíamos de hace tiempo y un día le propuse el papel de un guion que todavía no existía y se sumó de inmediato; apenas conociendo la premisa de la película. Eso lo atrapó y ese interés se mantuvo hasta el 2018 en que pudimos grabar la película. Y Silvio Rodas, con su personaje a descubrir, es un actor que por su solvencia profesional y las características propias que exigía el personaje, fue una elección casi directa”, comenta.
Para Hugo, una anécdota que lo marcó y la recuerda con mucha claridad y emoción se remonta a la primera toma de la primera escena que grabaron. “Todo estaba listo y la cámara registraba el espeso bosque, de pronto emergen los personajes por primera vez, ante nuestros ojos y ante el ojo de la cámara. Algo que duró como unos cuarenta segundos. Después del corte nos miramos sin decirnos nada con el Director de fotografía Hugo Colace, el Foquista Ricardo Cosenza y el Asistente de dirección Mauricio Rial. Inmediatamente percibimos que había algo muy fuerte en lo que estábamos presenciando, algo solemne y respetuoso, y esa energía nos acompaño hasta el final. Es una sensación muy difícil traducir en palabras”, confiesa.
Fueron casi cinco años de un gran viaje que, en palabras de Hugo, significan: “El motor que movilizó mente, cuerpo y corazón de mucha gente que quería hacer esta película”. La posproducción fue realizada en Francia y Argentina. Y lo que sí se hizo en Paraguay fue el montaje, la construcción narrativa de la película y algunos efectos especiales.
¿Qué más adelantarles? “Que se preparen para ver una película muy paraguaya, hablada casi totalmente en guaraní y que también nos recuerda que hay horror y miedo sobre cosas que todavía no discutimos como sociedad, y que están relacionadas a la dictadura, acompañando a personajes que se encuentran al límite ante un dilema moral que deben resolver, donde la condición humana se manifiesta con fuerza en la obra”.
Ever Enciso, actor paraguayo, da vida a uno de los dos enterradores protagonistas.